El romance en los ríos mexicanos se volvió un caos. Un estudio liderado por la Universidad de Stanford descubrió que dos especies de peces espada, que llevan siglos coexistiendo en paz, ahora se están mezclando en un grupo híbrido debido a la contaminación química y por metales pesados.

El problema es que estos peces usan la nariz para elegir pareja. Al vivir río abajo de un pueblo, el agua se volvió tan turbia y cargada de plomo, cobre y cadmio que las hembras terminaron con las fosas nasales dañadas. Básicamente, los peces andan congestionados como si tuvieran una gripe eterna, lo que les impide oler quién es quién.

Los investigadores analizaron cuatro ríos en la zona de la Huasteca y notaron que el desastre ocurre justo donde el agua pasa por zonas urbanas. En esos puntos, los embriones resultantes son una mezcla a medias de ambas especies, lo que según los biólogos es una forma de colapso de la biodiversidad.

La situación no es solo un malentendido sentimental. Investigaciones previas indican que estos cruces accidentales pueden provocar melanomas o trastornos metabólicos letales en los peces.

Para los científicos, esto es una prueba de que los cambios ambientales están provocando alteraciones genéticas dramáticas en tiempo récord.

Al final, el agua está tan mal que los peces prefieren el riesgo de un tumor que intentar buscar pareja a ciegas.