Karla Ivette Gómez, dueña del Pato Merlín, decidió que la fama en redes sociales no basta y pasó a la acción legal. Inició el trámite ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial para que nadie venda peluches, playeras o campañas publicitarias usando la cara del ave sin permiso.

El proceso no es inmediato. El IMPI tiene que analizar que el nombre sea distintivo y que no haya otro pato registrado con la misma marca. Si el gobierno le da el visto bueno, la "imagen corporativa" del ave estará protegida por diez años.

Aunque varias marcas ya quisieron contratar al pato, su dueña aclaró que Merlín es un miembro de la familia y no una mascota cualquiera, por lo que no aceptará cualquier cheque. Hasta ahora, la única excepción comercial sería el Corporativo Pascual, solo porque es una empresa 100% mexicana.

El trámite busca evitar que terceros exploten la viralidad del ave mientras el IMPI decide si un pato puede ser, legalmente, una marca.

El ave ahora solo necesita aprender a firmar los contratos.