El experimento fue sencillo: pusieron zanahorias en contenedores opacos y realizaron operaciones aritméticas fuera de la vista de los animales. Las jirafas no eligieron el montón más grande por instinto visual, sino que tuvieron que calcular mentalmente cuál recipiente tenía más alimento basándose en lo que se añadió o quitó.
Dos de los cuatro animales estudiados resolvieron las sumas de forma consistente, superando el azar y demostrando que tienen un sistema de número aproximado, una capacidad cognitiva que hasta ahora se reservaba para primates, aves y algunos peces.
Sin embargo, la gloria matemática tiene un límite. En cuanto los investigadores pasaron a las tareas de sustracción y operaciones secuenciales, el rendimiento de las jirafas cayó en picada, registrando un porcentaje de aciertos prácticamente nulo.
Según los expertos de la UB y el Instituto Max Planck, esto sucede porque sumar es cognitivamente más accesible que restar, un sesgo natural que comparten con otras especies y, probablemente, con cualquier niño que odie las matemáticas.
El hallazgo sugiere que la capacidad de operar con cantidades ha evolucionado de forma independiente en linajes muy distintos, confirmando que el cuello largo no es lo único que destaca en estos rumiantes.
A las jirafas todavía se les resiste la resta, pero ya saben que dos zanahorias más son mejores que ninguna.